Un vecino de Lima que sale a trabajar, pierde un promedio de 3 o cuatro horas diarias, para llegar a su trabajo o a su centro de estudios. En una semana, pierde casi un día de su vida. En un mes cuatro días y, en un año, 48 días parado o sentado incómodamente en un vehículo de transporte. A esta terrible realidad hay que sumar el promedio de accidentes en pistas y carreteras: cuatro fallecidos al día, sin contar a los lisiados de por vida. El transporte en Lima es inseguro, incómodo, ruidoso, lento, contaminante y letal para la vida humana.

En los últimos años, es muy poco lo que ha cambiado. Se ha intentado confundir la ausencia de un sistema de transporte con la construcción de vías, ampliándolas, reduciendo el espacio para la veredas y los bulevares constriñendo a mínimos espacios al peatón, a contrapelo de lo que se hace en el mundo moderno. Si hay algo que debe cambiar en Lima es el transporte, un depredador de la calidad de vida de las personas que afecta, además, severamente, la economía del país.

Es imperativo construir un sistema de transporte rápido, masivo, confortable y seguro. El mundo cuenta con sistemas de transporte en los que los Trenes y el Metro son articuladores del sistema de buses. Complementarios a ellos, un sistema de transporte de taxis -reglamentado y en número adecuado- se vertebra con un sistema de ciclovías y espacios antropocéntricos para que las personas caminen como recomienda la OMS, lo que implica ampliar y embellecer veredas, crear alamedas en el objetivo de construir ciudades saludables. Bajo esta visión la Mancomunidad de Lima Norte ha propuesto construir un Tren de Cercanías de Ancón a Lurín que formará parte del sistema del Metro y de Trenes de Lima.

El Tren de Cercanías se inicia en Ancón hasta Lurín en un tramo de 100 kilómetros. Este Tren además de articular a los distritos de Lima Norte, conecta a las ciudades del Norte Chico -provincia de Huaral- y las ciudades del Sur Chico -provincia de Cañete-, ambas de gran producción agrícola, agroindustrial, minera y turística. El Tren atraviesa el territorio central de la ciudad de Lima y vertebra a los distritos de Lima Sur. Se trata, justamente, de un largo tramo que completa los planes de los Metros de Lima, capaz de transportar un promedio de 60 mil personas/hora sentido, superando la cifra de 25 mil personas/hora actual que en medio de una torturante congestión vehicular, en las vías -expresas, metropolitanas, arteriales y colectoras- de Lima. El Tren atenderá la demanda existente y la proyectada en la dinámica de crecimiento de la economía peruana y dinamizará la economía en general, especialmente las inversiones inmobiliarias.

El Tren Ancón – Lurín, podría construirse como tren elevado, lo que disminuirá sustantivamente sus costos de construcción -de aproximadamente 30 a 40 millones de dólares por kilómetro- lejos de los altos costos de otros sistemas. En la Vía de Evitamiento de Lima, en una extensión de 6 kilómetros hay un tramo crítico por la cercanía de las viviendas, problema superable técnica y socialmente.

El mundo actual es un mundo de ciudades. Lima es una de las megalópolis que por conurbación con el Callao es habitada por 10 millones de personas. Es imposible, en una ciudad de tal magnitud, administrar el actual antisistema de transporte manteniéndolo o mejorando, condenando a Lima a una muerte lenta.

Lima es considerada hoy la primera ciudad de América del Sur en recepción de visitantes y la cuarta en calidad de vida. El principal obstáculo para que nuestra capital se consolide y proyecte al mundo es la pésimo transporte. La propuesta del Tren de Cercanías de Ancón – Lurín, nos acerca al objetivo de hacer de Lima una ciudad amigable, saludable, sustentable, competitiva y de alta calidad en el transporte, atractiva para el turismo internacional. Construir el Sistema de Trenes y de Metro es estratégico. El Tren Ancón – Lurín es un gran paso en ese objetivo.